¿Por qué no cae Nicolás Maduro y el Muro de Venezuela?

¿Por qué no cae Nicolás Maduro y el Muro de Venezuela?
abril 15, 2019 admin

Juan Guaidó y Nicolás Maduro.

Mientras en Europa nos dedicamos a mirarnos el ombligo, con nuestras neuras de niñatos ricos, entre el brexit y el cataluñexit, Venezuela se apaga -literalmente- y sus habitantes mendigan comida, huyen con lo puesto o se hacinan en los hospitales donde no hay luz en los quirófanos para operar.

Hablar de catástrofe es quedarse corto. El régimen de Maduro, sostenido por el narcotráfico y Cuba, ha destruido la mitad de la economía de Venezuela. La incompetencia y la corrupción de los bolivarianos han convertido a la antigua potencia petrolera en un país de miseria. Hace veinte años el crudo de Venezuela era uno de los principales competidores del petróleo saudí, ahora -y con una producción de menos de 800.000 barriles diarios- está por debajo de México y Colombia.

El destrozo del “madurismo” es de tal calibre que, según el Fondo Monetario Internacional, Venezuela tardará décadas en superar la implosión económica. Más del 60% de la población vive en condiciones de extrema pobreza; y se han visto forzadas a cruzar las fronteras más de 4 millones de personas.

Eso los que han sobrevivido, porque otras 14.336 perdieron la vida sólo el año pasado, (de las cuales 283 jóvenes, menores de 30 años, morían cada semana). Ejecutados, asesinados, torturados, o hacinados en los hospitales. Y el madurismo es sólo el estrambote de dos décadas de dictadura chavista, con un saldo de 330.000 muertos, de los cuales 7.200 perecieron en el submundo de las cárceles que nada tienen que envidiar a las de la Stasi.

Hace tres meses, parecía que el régimen se tambaleaba tras el valiente gesto de Juan Guaidó, presidente del Parlamento, al plantar cara a Maduro, proclamarse mandatario interino ante el usurpador, y lograr el reconocimiento de más de 60 democracias del mundo, con EEUU a la cabeza. Los venezolanos se echaron masivamente a la calle y el miedo cambió de bando.

Pero ni Maduro ha caído, (ni ha sido juzgado por sus crímenes), ni los generales se han sublevado, ni ha habido una intervención militar del exterior, ni Naciones Unidas mueve un dedo ante la tragedia que vive Venezuela. ¿Por qué?

EEUU no quiere ni un Bahía de Cochinos ni enfrentarse a Rusia

Hoy por hoy la intervención militar de EEUU parece remota. Aunque Donald Trump, principal apoyo de Guaidó en el exterior, se ha planteado esa opción. Lograr que Maduro caiga supondría apuntarse un tanto ante los comicios de 2020, en los que el republicano aspira a la reelección. Pero para lanzar una acción militar necesita el placet del Congreso; además pesa mucho el fantasma de Bahía de Cochinos (intento frustrado de invadir Cuba, en tiempos de John F. Kennedy). Finalmente, no se puede olvidar que China y Rusia apoyan a Maduro, y ese es un factor disuasorio, que aconseja proceder con prudencia. A EEUU no le interesa meterse en ese avispero.

¿Quién le pone el cascabel al gato, si en el  Consejo de Seguridad tenemos a Rusia y China, aliados de Maduro, y los dos con derecho de veto?

Es verdad que la Asamblea General de Naciones Unidas ampara el derecho de injerencia humanitaria (“cuando un país se muestra incapaz de proteger a su población y se perpetran crímenes contra la humanidad, la comunidad internacional tiene la obligación de intervenir si es necesario, incluso y como último recurso, por la fuerza militar”). Pero ¿quién pone el cascabel al gato, si en el Consejo de Seguridad, que es quien debe dar luz verde, tenemos a Rusia y China, aliados de Maduro, y los dos con derecho de veto?

Las sanciones y el embargo, armas de doble filo

EEUU se ha dedicado a cerrar distintos grifos financieros de la cúpula chavista, aplicando un poderoso instrumento de presión. Pero el resultado puede ser contraproducente, con la peor de las combinaciones posibles: que Maduro se enroque y la población sufra aún más la miseria.

No hay que olvidar que la cúpula del Régimen mantiene su privilegiada posición económica gracias a los recursos millonarios procedentes del negocio de la coca, que controla junto con las mafias y sus vínculos con las FARC o el cartel del Golfo.

Un embargo petrolerp sumiría al país aún más en la pobreza y de ahí se derivan dos escenarios terribles: más represión o más anarquía. Y quien pagaría el pato serían los venezolanos. Y está por ver que eso implique la salida de Maduro, a medio plazo.

La clave es el Ejército…

La espina dorsal del régimen son unas Fuerzas Armadas, cuya cúpula está comprada literalmente (con elevados salarios e intereses económicos vinculados al chavismo). Eso explica la solidez de su postura, más allá de algunas manifestaciones aisladas a favor de Guaidó de algún militar de rango medio. Y que nadie haya secundado las peticiones del “presidente encargado” para que los uniformados “se pongan de lado del pueblo venezolano”.

Y es que, desde la época de Chávez, el Ejército fue la niña bonita del bolivarianismo, con un presupuesto que creció un 155% entre 2008 y 2016, pese a una caída del 45% del PIB en el mismo período; y un tamaño de más de medio millón de efectivos, superando a Brasil pese a contar con una población siete veces menor.

La cúpula  militar es algo más que la guardia pretoriana de Maduro: es una casta privilegiada que tiene mucho que perder si cae el dictador. Su rentas representan alrededor del 10% del PIB y controlan el sector petrolero, minero y alimentario -sin contar con el comercio ilegal-.

… Pero tiene un talón de Aquiles

El presidente encargado es consciente de que no puede plantear una transición pacífica si no cuenta con el Ejército, y para ello debe ofrecer “garantías específicas” para los mandos implicados en corrupción y violaciones de derechos humanos, y que tienen amplios intereses económicos.

A pesar del apagón informativo (y la férrea censura del régimen) ha trascendido que algunos generales no las tienen todas consigo. En conversaciones privadas, reconocen que estarían dispuestos a marcharse si en una transición pacífica los futuros gobernantes les garantizan una ley de amnistía. De ahí que les interese negociar. Saben que la alternativa es peor: una intervención extranjera o una explosión social.

Y Maduro tampoco puede convertir a Guaidó en mártir

Además, Maduro debe modular la represión porque se le puede ir de las manos. La aparición en escena de Guaidó y la movilización popular en las calles ha marcado un antes y un después. El régimen podrá seguir usando la fuerza o practicando detenciones ilegales… pero sólo hasta cierto punto. Ha detenido, por ejemplo, a Roberto Marrero, estrecho colaborador de Guaidó, acusado de planear atentados; pero no se ha atrevido con el presidente encargado, a pesar de que el Tribunal Supremo podría procesarlo por usurpar funciones presidenciales.

Pero detener a Guaidó (y no digamos ejecutarlo o hacerlo desaparecer) lo convertiría en un mártir, un Walesa venezolano, y ello proporcionaría a EEUU argumentos para intervenir o para incrementar las sanciones.

El camino de la negociación aún está verde…

Un investigador del Wilson Center, Michael Penfold, apunta que, en el bando opositor,  todavía no hay una alternativa que sea lo suficientemente apetecible para que la cúpula militar de el paso de aceptar un cambio político.

Si ésta no lo hace puede seguir apoyando a Maduro, por pura conveniencia, o incluso dar un golpe militar contra el dictador y asumir el poder, a fin de preservar su posición y evitar condenas judiciales. Y negociar con un directorio militar sería más complicado para Guaidó.

Cualquier otra alternativa que no sea elecciones justas y libres supone condenar al país a mayores dosis de violencia y miseria

Por eso, sostiene Penfold, lo que debe hacer el bando opositor es hacer a los militares una oferta que incluya no sólo una amnistía sino también la garantía política de que no habrá luego caza de brujas contra los chavistas que acepten el pacto. Todo ello es sumamente arriesgado. Y precisa inteligencia. El objetivo, según Penfold y otros observadores, son unas elecciones justas y libres. Cualquier otra alternativa supone condenar al país a mayores dosis de violencia, destrucción y miseria.

Se trata de conciliar el posibilismo con la justicia. La cuadratura del círculo, pero algo de cuadraturas de círculo tienen todas las transiciones, si se quiere evitar la violencia.

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Fuente: Actuall / Noticias Democracia

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