¿Por qué Maduro rechaza una salida negociada?

¿Por qué Maduro rechaza una salida negociada?
febrero 13, 2019 admin

El dictador venezolano, Nicolás Maduro, durante una intervención televisiva.

La crisis de Venezuela no es solo un conflicto local o regional. En realidad nunca lo fue, aunque durante años fue tratada con inusitada indiferencia y hasta desdén por la comunidad internacional.

Venezuela es, en este momento, un importante nodo de riesgo geopolítico. Dos actores de peso entraron como garantes de las partes, aparentemente sin posibilidad de marcha atrás.

Rusia se apostó en favor del dictador Nicolás Maduro y Estados Unidos en respaldo a Juan Guaidó, que asumió como presidente encargado el pasado 23 de enero ante una multitud en Caracas.

Así Guaidó obligó a la comunidad internacional a salir del marasmo en que se encontraba y a tomar bando; además colocó a Maduro a la defensiva.

Hay un amplio consenso entre casi todos los actores internacionales de que la asistencia humanitaria al pueblo venezolano es un imperativo, pero el dictador ha bloqueado todo acceso a ella

Esa “jugada” magistral fue articulada con el Grupo de Lima, especialmente con los cancilleres de Brasil y Colombia, que tejieron una imperceptible, pero eficaz red de seguridad en torno al parlamentar con el soporte de Trump.

Elecciones libres y un corredor humanitario

Más de 50 gobiernos reconocen a Guaidó como presidente encargado, entre ellos, Estados Unidos, la Unión Europea (casi en su totalidad), Israel, Brasil, Colombia y Argentina. El izquierdista Lenín Moreno, del Ecuador, también. Todos piden que se realicen elecciones presidenciales libres lo más rápido posible.

Sólo 15 avalan a Maduro. Allí se cuentan Rusia, China, Turquía, Irán, Siria, Cuba, Nicaragua, El Salvador y Bolivia. México y Uruguay se han ofrecido como mediadores “neutros” para la crisis. Esa postura, en opinión de Guaidó, solo oxigena a la dictadura.

Hay un amplio consenso entre casi todos los actores internacionales de que la asistencia humanitaria al pueblo venezolano es un imperativo, pero el dictador ha bloqueado todo acceso a ella.

Donald Trump ha dejado claro que están en la mesa “todas las opciones”, desde una intervención militar hasta una salida negociada

El jueves 7 de febrero, el Tribunal Supremo de Justicia en el exilio, autorizó a Guaidó a pedir la apertura de un corredor humanitario “por medios diplomáticos o por cualquier otro, incluida una coalición militar internacional en misión de paz”.

Ese mismo día se publicó una entrevista de Maduro en el periódico mexicano La Jornada en la que dice que una eventual intervención extranjera no haría más que “crear un nuevo Vietnam” ya que cuenta con “dos millones de milicianos listos para defenderse”.

La oferta de Washington

Vladimir Putin ha manifestado, a través de diversos canales, que continuará respaldando al dictador; aunque ya hay indicios de que quizá no esté dispuesto a hacerlo a cualquier precio.

Por su parte, Donald Trump ha dejado claro que están en la mesa “todas las opciones”, desde una intervención militar hasta una salida negociada.

En conferencia ofrecida este lunes, 11 de febrero, a la Heritage Foundation, el senador republicano Marco Rubio reveló que existe una oferta de otorgar un salvoconducto a otros países a la cúpula militar chavista. Y no es reciente.

En el mismo sentido dio declaraciones a la prensa Mauricio Claver, miembro del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca.

¿Por qué Maduro rechaza sistemáticamente una salida negociada y con garantías? ¿Por qué se niega tenazmente a dejar el poder? ¿Por qué las Fuerzas Armadas le apoyan, aparentemente, como bloque indiviso?

Para responder a tales preguntas es indispensable considerar que el régimen de facto que impera en Venezuela no es una “dictadura común”.

Una narcodictadura comunista

En ese país se instaló – primero por vía democrática y luego a través de la usurpación – un grupo con un proyecto de poder de largo plazo que contemplaba el control absoluto de todos los órganos del Estado y la eliminación de la oposición política y civil. Como en Cuba.

Ese proyecto se presentó, inicialmente, como una agenda disruptiva y de renovación, de lucha contra el establishment, la oligarquía y su sistema corrupto, pero progresivamente reveló su verdadera cara. El “socialismo para el siglo XXI”, no era nada más que comunismo puro. Como en Cuba.

Nicolás Maduro y Diosdado Cabello durante un acto institucional/EFE

Nicolás Maduro y Diosdado Cabello durante un acto institucional/EFE

Ese grupo político desarrolló vínculos orgánicos con mafias de corrupción, organizaciones criminales, narcotraficantes y terroristas; que junto a algunos “nuevos ricos” le han dado sustentación al régimen. Como en Cuba.

La consolidación de esa narcodictadura comunista se dio con el amparo y la complicidad de los otros gobiernos de izquierda de la región y del Foro de São Paulo, esa plataforma de articulación fundada por Fidel Castro y por Luiz Inácio Lula da Silva en 1990.

¿Y las Fuerzas Armadas? Hasta ahora su cúpula ha manifestado irrestricto apoyo a Maduro. Y aunque algunos militares activos de alta patente han reconocido a Guaidó como interino, abrazando la amnistía ofrecida por el Parlamento, es difícil saber que tan vasta o profunda es la división interna.

En el país hay 351.000 miembros de las Fuerzas Armadas, de los que más de mil son generales. Los militares ocupan una tercera parte de los ministerios, incluidos los de Interior y Justicia, Defensa, Agricultura y Alimentación.

Al llegar al poder en 1999, Chávez cerró la frontera para que sólo las FARC pudieran pasar la droga y dejó el control al cártel de Los Soles. Un matrimonio perfecto

Controlan la producción y distribución de alimentos básicos, además de una compañía petrolera, una cadena de televisión, un banco, una ensambladora de vehículos, una constructora… y el narcotráfico.

El cártel de Los Soles

El Departamento de Justicia de Estados Unidos ha denunciado que el cártel de Los Soles, que tiene control absoluto del narcotráfico en el país, es dirigido y operado por los militares.

El grupo no inició con el chavismo, pues la Administración para el Control de Drogas (DEA) lo investigaba por lo menos desde 1993, pero sí se fortaleció con “la revolución bolivariana”.

Los lazos del chavismo con el narcotráfico están presentes desde 1994. Año en que Hugo Chávez, que acababa de salir de la carcel y no tenía recursos económicos, fue colocado en contacto con el gobierno cubano por su mentor político, Luis Miquilena.

A través de Cuba, Chávez fue introducido en el Foro de São Paulo, del que las FARC hacían parte, allí el comunista venezolano Paulo Medina – uno de los cofundadores del Foro – concretó un encuentro del militar con Raúl Reyes e Iván Márquez, comandantes del grupo terrorista.

El resultado de la reunión fue un acuerdo de apoyo financiero para que el chavismo llegara al poder, a cambio de que el país se convirtiera en punto seguro para la recepción de cocaína y de reenvío al norte del continente.

Al llegar al poder en 1999, Chávez cerró la frontera para que sólo las FARC pudieran pasar la droga y dejó el control al cártel de Los Soles. Un matrimonio perfecto.

El cártel hoy es el Estado

Aunque su estructura es oscura, se sabe que la organización tienen entre sus jefes al teniente Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Constituyente ilegitima creada por Maduro para usurpar el Legislativo.

Así lo afirman Leasmy Salazar Villafaña, exjefe de seguridad de Cabello, y Efraín Antonio Campo Flores y Francisco Flores de Freitas, respectivamente ahijado y sobrino de Cilia Flores, esposa de Maduro.

Los Flores están presos en Estados Unidos por transportar 800 kilos de cocaína y han declarado que actuaron bajo las órdenes de Cabello. Aseguran que el cártel ofrece un servicio “de oro”: recibe, almacena y distribuye droga a cualquier parte del mundo bajo la protección del Estado.

Los servicios de inteligencia de israelí le imputan vínculos con el tráfico de armas y el terrorismo islámico, especialmente con Hezbollah

Otro capo del cártel es el Mayor General Nestor Reverol, actual ministro de Interior y Justicia. Este hombre fue el poderoso comandante de la Guardia Nacional y, aunque no lo crea, jefe de la Oficina Nacional Antidrogas.

Hoy la operatividad del cártel es garantizada por el general Vladimir Padrino López, ministro de Defensa.

En la mesa de mando también está Tareck El Aissami, ex vicepresidente de la República y actual coordinador del gabinete económico del gobierno. La Oficina para Control de Bienes Extranjeros del Departamento del Tesoro estadounidense (OFAC), le asoció al cártel mexicano Los Zetas.

Además los servicios de inteligencia de israelí le imputan vínculos con el tráfico de armas y el terrorismo islámico, especialmente con Hezbollah, que opera en territorio venezolano explotando minas de oro.

¿Por qué Maduro ha rechazado sistemáticamente una salida negociada? ¿Por qué se aferra al dejar el poder? ¿Por qué las Fuerzas Armadas no le han abandonado?

La respuesta parece clara: tienen entre las manos un millonario y lucrativo negocio que quieren preservar.

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Fuente: Actuall / Noticias Democracia

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